Cuando hablamos de los orígenes del flamenco y su historia, no podemos ser categóricos. Este género musical no deriva exclusivamente de la influencia de una cultura, aunque la gitana haya tenido un peso innegable en su evolución y desarrollo. Recordemos que el flamenco nace del pueblo y el pueblo siempre ha estado marcado por el mestizaje.

Al mirar al siglo XVIII-XIX, fecha en la que los historiadores coinciden que, en algunas ciudades de Andalucía, comenzó a surgir este arte, observamos en la comunidad un cruce de culturas como la africana, la cristiana, la árabe o la judía. Esto derivó en el nacimiento de una característica que constituye una de las grandes riquezas del género: la de ejercer como catalizador de influencias.

La influencia de África en los orígenes del flamenco

Aspectos tan estrechamente ligados al flamenco como el cajón beben directamente de la cultura africana. Diversos autores se remontan al siglo XVI para documentar los orígenes del cajón flamenco como instrumento: según los mismos, fueron los esclavos africanos que permanecían en Sudamérica los que comenzaron a tocar la percusión en cajas, en momentos en los que se veían privados de sus tradicionales tambores.

Al subrayar la influencia de África en los orígenes del flamenco se suele evocar, además, una situación muy característica de las tribus de este continente: las reuniones alrededor de una hoguera, donde se organizaban bailes que funcionaban como desahogo y forma de descargar la frustración de un pueblo casi siempre ligado a la injusticia y el sufrimiento.

En el documental Gurumbé, dirigido por Miguel Ángel Rosales, podemos ver cómo todo este bagaje cultural traído por esclavos africanos se comenzó a extender por Andalucía. Así, el germen de lo que un día sería el flamenco como género y arte comenzaba a nutrirse de sus intrumentos, bailes y ritmos.

Maluf, conectando el flamenco con la cultura árabe

El maluf -en árabe “surgido de la costumbre”-, es un estilo musical que nació en Al Ándalus y tuvo en Sevilla, Granada y Córdoba sus principales escuelas. Se habla de él como un género que, por su idiosincrasia, conecta el flamenco con la música tradicional árabe. Apoyado en la poesía clásica, ha sido un arte transmitido de forma oral durante siglos y una piedra angular de la cultura andalusí.

La improvisación, ritmos y sentimientos implícitos a este género nos hacen recordar, inequívocamente, a los principales rasgos del flamenco. El arraigo del maluf en territorio andalusí como parte de la cultura árabe y morisca tuvo, según expertos e historiadores, gran parte de culpa en sus orígenes. 

Ciertas hipótesis dictan que los moriscos que no salieron de España pese a su expulsión, estuvieron refugiados en zonas montañosas, donde se mezclaron con otros grupos étnicos como los gitanos o los esclavos de raza negra. Son datos que explican, de nuevo, cómo la fusión y el mestizaje ejercieron como elementos centrales en la génesis del flamenco. 

El flamenco y la música sefardí

Hablamos de sefardís cuando nos referimos a los judíos y descendientes de judíos que vivieron en la Corona de Castilla y de Aragón hasta su expulsión por los Reyes Católicos. Existe la creencia, entre diversos historiadores y músicos, que hubo un punto de contacto entre el flamenco y la música sefardí.

El maestro guitarrista Paco de Lucía, en declaraciones a una entrevista, explicaba cómo “El flamenco estuvo muy vinculado con los judíos españoles, los sefarditas”. En este sentido, el algecireño continuaba profundizando en la influencia de los cantos sinagogales en el flamenco. “Pensaba que el flamenco estaba ligado mayormente a la cultura árabe, pero descubrí unas partituras sefarditas y me di cuenta de la influencia de los sefarditas de Toledo en el flamenco”, subrayaba.

Al final, vemos que palos y estilos vocales del flamenco como la petenera o el cante jondo podrían derivar directamente de los citados cantos sinagogales, cruciales para entender la música sefardí y llenos de quejíos y improvisaciones vocales. 

Como curiosidad, algunas fuentes inciden en cómo la costumbre de jalear a artistas como bailaores y cantaores podría llegar de una costumbre judía: ‘Jalel’, de hecho, significa animar en hebreo.

Arte de artes

Árabe, andaluza, africana, judía, castellana, gitana…las culturas que han tenido que ver en los orígenes del flamenco son diversas y un reflejo de la España del siglo XVIII y XIX. Aunque hay tesis y creencias sin confirmar, sí tenemos una certeza: el arte del flamenco está lleno de matices. No hace falta ser un experto historiador para reconocerlo: lo observamos conociendo otras culturas; lo vemos en cada tablao; en su picardía, en su dolor, en su forma de transmitir.