El jueves, viernes y sábado pudimos contar en Casa del Arte Flamenco Granada con la presencia de la bailaora gaditana Rosario Toledo.

Casa del Arte Flamenco es algo único. Un tablao pequeño, acogedor e íntimo, como una cajita chiquita en la que guardas las joyas de más valor. Algo cerrado, precioso. El contacto directo con el público le suma un plus a la actuación.

Entrevista con Rosario Toledo

Mi andadura en esto del baile nace donde yo, en Cádiz. Empecé a formarme en Danza Clásica y Española con 9 añitos. A los 12 me puse en manos de mi mentora, Charo Cruz, de su mano me metí en todo el «fregao» este del Flamenco.

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Los primeros pasitos que dí en el baile flamenco fueron con Charo. Ella tenía la virtud de traer a grandes maestros y de cada uno aprendías lo más grande, entre ellos Manolete o Eva Yerbabuena. Fue una época de mucho aprendizaje. Mi debut en el flamenco fue con 13 años, con Manuela Carrasco. A los 19 años me hice con dos premios nacionales en Córdoba y en 1999 con el segundo premio del concurso de Baile del Festival de las Minas de la Unión.

Además de una bailaora de renombre, Rosario Toledo tiene en su haber varias producciones propias. Sobre ellas nos cuenta:

Cuando uno tiene una inquietud, una necesidad de búsqueda, hay que poner todo lo que está en su mano para hacerla salir a la luz. Soy una persona muy inquieta… me gusta meterme en cada fregao’… Comenta. Es un quebradero de cabeza, pero como se dice, sarna con gusto no pica. Mi última producción es ADN, una actuación que presentamos en el Festival de Jeréz.

Además ahora estoy trabajando en el espectáculo Amazonas, de Juana Casado. Un espectáculo de fusión entre distintas disciplinas de las artes escénicas que tiene como protagonistas a nueve mujeres igualmente impresionantes. Es distinto cuando la producción es de otro, te sientes más libre y tranquilo para poder hacer tu trabajo.

En cuanto a su trayectoria flamenca recuerda con cariño los tablaos en los que ha trabajado.

Echo en falta algo más de escuela  de tablaos en Cádiz. Mis casas han sido siempre  El Cordobés y Los Gallos. Ahí es donde dí mis primeros pasos y donde tuve el honor de aprender de algunos de los más grandes. Pero hay muchos otros. Casa Patas, el Corral de la Morería, La Sala la Claridad… lo que más te llena como artista es poder hacer tu espectáculo. En el tablao debes demostrar lo que vales, delante del público, tiene mucho del teatro también, que es otra disciplina que me encanta, es otra escuela distinta.

Cuando le preguntamos por sus referentes Rosario no se deja a nadie fuera.

Casa del arte Flamenco Rosario Toledo

Todos y cada uno de los artistas con los que he tenido el honor de estar tienen su cosa maravillosa. Charo era mi maestra, Mario (Maya) me marcó muchísimo. El me descubrió en Córdoba cuando gané los dos premios nacionales. Nadie me conocía entonces y él se convirtió en un maestro, cada cosa que decía era una enseñanza. Pero no solo él, ha habido muchos referentes en mi carrera de los que he podido aprender. Carmen Amaya, Rafaela Carrasco… Con Grilo aprendí muchísimo, con Javi Latorre también, toda su escuela y su disciplina… su rinconete.

No sólo de grandes bailaores. El cante me gusta mucho, con la guitarra me pasa igual. Hay que verlo y sentirlo todo.

De nuestro Tablao. Casa del Arte Flamenco. Rosario se queda con la impresión que transmite el espacio.

Casa del Arte Flamenco es algo único. Un tablao pequeño, acogedor e íntimo, como una cajita chiquita en la que guardas las joyas de más valor. Algo cerrado, precioso. El contacto directo con el público hace que sea algo muy cercano.

De su paso por la capital nazarí relata una experiencia que la deja sin palabras. El homenaje a Lorca organizado por Curro Albayzin.

Estuvimos en la fosa, donde estuvieron esas 4000 criaturitas. Es algo que trasciende lo artístico, es mucho más, ese algo espiritual. Es nuestro arte, es esas gentes, esas velas, ese cielo lleno de estrellas. Este evento es algo que empezó Curro, que para mí es como un chamán. Algo único en lo que se mezclan esos poemas, y nuestra forma de homenajear, que es la única que conocemos… es algo increíble.